Crisis en Corea del Norte                                                                                                                                          Por Prof. Manfred Wilhelmy v. W.

FLACSO-Chile abre hoy una nueva serie de publicaciones en línea, con el propósito de aportar al análisis y debate de ideas de nuestro tiempo.

Los dramáticos cambios en el sistema internacional contemporáneo y las nuevas respuestas nacionales ante esos desafíos requieren de una instancia de profundización e intercambio académico que ilumine la comprensión de esas realidades y que aporte a la búsqueda de respuestas. Esta serie será un espacio amplio y plural que reflejará el trabajo académico de FLACSO-Chile y de investigadores de otros centros académicos nacionales e internacionales invitados a contribuir con sus aportes.

Los textos son de responsabilidad exclusiva de sus autores, respetando la libertad académica. FLACSO-Chile autoriza la reproducción en línea de estas publicaciones señalando su fuente.

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El conflicto entre Corea del Norte, Corea del Sur, Japón y Estados Unidos está en pleno desarrollo. Constantemente ocurren nuevos sucesos, se realizan nuevos análisis y se emiten nuevas opiniones. En tales condiciones, es necesario advertir que las páginas que siguen están sujetas a un alto riesgo de quedar obsoletas a medida que se suceden las contingencias.

El conflicto claramente es una herencia de la época de la Guerra Fría. La guerra de Corea terminó en virtual empate, aunque formalmente continúa, ya que solamente existe un armisticio, acordado en 1953. Afortunadamente, las autoridades de Estados Unidos descartaron liquidar el conflicto con armas nucleares contra Corea del Norte y/o la República Popular China, que intervino a favor del Norte. De esta manera, el “statu quo” militar quedó “congelado” la línea del paralelo 38, donde se encuentra la Zona Desmilitarizada.

En Corea del Norte, el régimen comunista de Kim Il Sung (fallecido en 1994) se ha transformado en un régimen dinástico. La tercera generación de dictadores de la familia Kim es encabezada por Kim Jong-un (nacido en 1984), quien recientemente ha incorporado a su hermana menor al círculo más exclusivo del poder. El actual gobernante plantea la más seria amenaza a la paz y estabilidad en el Este de Asia y más allá desde la guerra de los años 50 del siglo pasado.

Preocupa especialmente en esta reedición del conflicto coreano la conjunción de liderazgos impredecibles: un Kim joven, todavía más o menos inexperto en los asuntos internacionales, carente de escrúpulos, pero con una férrea determinación personal a alcanzar y consolidar el status de potencia nuclear para su país; y el gobierno de Donald Trump, con las características inquietantes de un liderazgo personalista ampliamente percibido como incompetente y errático.

Los actores en el conflicto:

1. Corea del Norte constituye un régimen totalitario, de alguna manera un resabio del período estalinista, que como se ha dicho ha evolucionado a un sistema dinástico, encabezado por un líder que controla tanto el gobierno como el partido oficial (Partido de los Trabajadores) y la organización militar norcoreana. Volveremos al tema.

2. Corea del Sur es un sistema político inicialmente autoritario y de seguridad nacional, que a partir de fines de la década de 1980 tuvo una transición y posterior consolidación democrática; se caracteriza por una economía altamente competitiva y exitosa, situada al borde las economías “top 10” en el mundo. El país ha sido gobernado principalmente por políticos conservadores. No obstante, bajo los presidentes Kim Dae Jung (Premio Nobel de la Paz), Roh Moo Hyun y ahora Moon Jae (sucesor de la destituida presidenta Park Geun Hye) ha tenido, y tendría, la oportunidad de buscar cierto grado de distensión con el Norte: es lo que se ha conocido como “Sunshine Policy”. El Presidente Moon busca reeditar esa política, obviamente en un contexto coyuntural hostil, pero aún bajo estas circunstancias el gobierno procura hacer manifiesta su buena voluntad abriendo un canal de ayuda humanitaria (ofreciendo USD 8 millones en raciones alimenticias, vacunas etc. a poblaciones vulnerables del Norte).

Cabe recordar que los principales elementos de la “Sunshine Policy” han sido (1) buscar acuerdos en el ámbito de las medidas de confianza mutua, (2) concordar iniciativas económicas mutuamente beneficiosas, por ejemplo en materia de turismo y el establecimiento y operación de la zona industrial de Kaesong, existente desde el año 2002, cerrada luego de muchas dificultades por decisión de Seúl en febrero de 2016) y (3) la realización de acciones humanitarias y de valor simbólico y afectivo (ayuda en alimentos, visitas familiares …).

3. El tercer actor central es Estados Unidos, potencia hegemónica del Este de Asia en la Guerra Fría, contendor principal de Corea del Norte y de China hasta el armisticio. Washington aún se ve como factor de equilibrio y estabilidad regional, pero en el contexto de la actual crisis ha visto complicado su espacio de maniobra por la cada vez menor disposición china a aceptar su presencia estratégica regional y vecinal. En este contexto, Estados Unidos sigue siendo garante de la seguridad de Corea del Sur y Japón (entre otros, ya que también es estrecho aliado de Taiwan, de los países del Sudeste Asiático y, más allá, de Australia. Por una lógica de “Realpolitik”, Estados Unidos se ha convertido en aliado “de facto” de Vietnam, lo que se debe, por supuesto, a que Washington y Hanoi comparten inquietudes acerca del crecimiento del poder de China.

La pregunta central en el actual conflicto es si Estados Unidos se limita al objetivo de mantener la disuasión frente a Corea del Norte, postura en la que podría estar fracasando ante la determinación del líder norcoreano de consolidarse como actor nuclear, o si busca un cambio de régimen en su adversario, algo similar a lo que en Irak y en Libia.

Mientras Estados Unidos aparece como el máximo enemigo de Corea del Norte, se da la paradoja de la fascinación del joven Kim con aspectos de la cultura popular norteamericana: el básquetbol, el club de los Chicago Bulls, las zapatillas Nike, y especialmente la amistad de Kim con el basquetbolista Dennis Rodman. Este ha sido su invitado especial en varias oportunidades, lo que llama especialmente la atención, aunque hasta ahora no se divisa una faceta política en la relación

4. La República Popular China ha sido potencia protectora y aliado de Corea del Norte, al punto de combatir a su lado en la guerra de los años 50. Es el principal socio comercial de Corea del Norte y tiene relaciones vecinales activas con el régimen. La visión de Beijing parece ser que Corea del Norte es funcional como un estado “tapón” o “amortiguador”, que le resulta útil para no tener frontera directa con Corea del Sur, aliado de Estados Unidos. Por lo mismo, el principal temor de Beijing en la actual crisis es que Corea del Norte pudiera desplomarse como estado, generando una ola de refugiados y una situación de inestabilidad que obligaría a Beijing a intervenir. Por otra parte, atendiendo a consideraciones económicas, en el último cuarto de siglo China viene priorizando sus relaciones con Seúl, lo que podría motivar cierto resentimiento en Pyongyang. China sostiene que su influencia sobre Corea del Norte es limitada. Un motivo para esta aseveración –que se suele ver como un pretexto para negar colaboración a los adversarios de Pyongyang- es que el actual líder norcoreano carece de una relación personal con Xi Jinping, relación que sí tuvieron su padre y su abuelo con los más altos dirigentes chinos.

5. Japón es un estrecho aliado de EE.UU. que siente directamente la amenaza de Corea del Norte., cuyo líder ha dicho que habría que “hundir” a Japón con armas nucleares. Hay una larga historia de tensiones bilaterales, por ejemplo con motivo de reiterados secuestros de ciudadanos japoneses por Pyongyang. Japón no descarta su propia nuclearización militar si sube mucho la percepción de inseguridad, aunque el gobierno de Shinzo Abe –partidario de una política defensiva más activa- evita pronunciarse al respecto. En todo caso, se sabe que si tal decisión llegara a adoptarse, su ejecución podría ser bastante rápida. Un antecedente poco conocido es que dentro de los aproximadamente 600 mil habitantes de ascendencia coreana en Japón, unos 150 mil provienen de Corea del Norte. Es evidente que, en cualquier hipótesis de conflicto agudo, esta población sería rehén de las decisiones que pudieran adoptar las autoridades japonesas, las que obviamente consideran que se trata de una potencial “quinta columna”, peligrosa para la seguridad nacional.

Como nota algo curiosa agreguemos que el ex luchador y actual parlamentario Antonio Inoki, ha estado 32 veces a partir de 1995 en Corea del Norte y propone una “diplomacia deportiva” para iniciar un diálogo, el que según este personaje podría llevar a una mediación japonesa del conflicto; sin embargo, a diferencia de Dennis Rodman, Inoki no conoce personalmente al dictador.

6. Por último, la Federación Rusa, que pretende reivindicar el rol de gran potencia de la antigua Unión Soviética, estrecha aliada de los Kim, sigue considerándose un factor relevante en las relaciones internacionales del NE de Asia. Por tanto, Moscú estima que el curso de los acontecimientos de la crisis actual afecta sus intereses regionales.

Observaciones adicionales sobre Corea del Norte bajo Kim Jong Un

En diferentes momentos, el país pudo llegar a ser un “estado fallido”: la población ha sufrido episodios de hambruna masiva, con la consiguiente dependencia de ayuda externa para mantenerse viable). El alto aislamiento auto- impuesto por las autoridades obedece no solo a las características del régimen, también a la ideología “juche”, que postula anacrónicos ideales de autarquía nacional. No obstante, debido a su desarrollo armamentista bajo el liderazgo efectivo de los Kim, el país ha llegado a ser un factor efectivo de cierto poder en el Noreste asiático. Ello apoyaría la hipótesis que, a través de la capacidad nuclear, Kim Jong Un está buscando la consolidación de un status de potencia para Corea del Norte en el entorno regional, así como frente a Estados Unidos. En otras palabras, las armas, más que herramientas para destruir a uno o varios adversarios (lo que corresponde al lenguaje de las guerras de palabras entre Kim y el presidente Donald Trump) serían una “póliza de seguro” frente a quienes aparecerían empeñados en derrocar o “decapitar” al gobierno de Kim, o imposibilitarle gobernar el país de acuerdo con su proyecto de potencia regional.

Creemos que Kim Jong Un es un déspota despiadado y belicoso pero, a su especial manera, sería un actor racional. Su educación en Occidente (Suiza) le dio una idea de la brecha de desarrollo que afecta a su país. China no logró convencer a su padre, Kim Jong Il, que debía copiar el modelo de Deng Xiao Ping, que combina la reforma económica (incluida la apertura comercial) con la mantención de un efectivo control político comunista. Pero observadores del gobierno de Kim Jong Un piensan que la prioridad absoluta del desarrollo de armas nucleares estaría combinándose con un desarrollo selectivo de sectores de la economía (p. ej. el inmobiliario). Por otra parte, al parecer hay cierto comercio de contrabando que permite a algunos privilegiados acceder a algunos bienes de consumo y bienes durables chinos y de otros orígenes. Estimaciones surcoreanas hablan de un crecimiento económico norcoreano de 3,9% el año 2016.

En el ámbito militar, Kim Jong Un está al mando personal de todo lo concerniente al desarrollo de misiles y de armas nucleares que podrían ser montadas en estos dispositivos, para llegar eventualmente a blancos tan distantes como la costa del Pacífico en Estados Unidos. Esta concentración del poder en una persona es un fundamento de la supuesta eficacia que podría tener una operación militar de “decapitación” del régimen para cambiar radicalmente la situación.

Para asegurar su control personal, Kim ha purgado a 140 o más altos funcionarios civiles y militares, incluido el jefe de inteligencia Kim Won-hong. El año 2013 ordenó la ejecución de su tío y mentor Jang Song-thaek, aparentemente por cargos de traición, aunque también se ha hablado de posibles acusaciones de corrupción.

En febrero 2017 fue asesinado en el aeropuerto de Kuala Lumpur su hermanastro Kim Jong-nam (quien ya había huido de Macao, y mediante una carta había rogado al dictador lo dejaran seguir viviendo). Kim había desplazado del poder a otro hermano, Kim Jong-chul, contra quien se inventó una acusación de ser “afeminado”. Se especula que Kim sufriría algo así como un “complejo de hermano menor”. Últimamente se ha publicitado que Kim se apoya especialmente en su hermana menor, Kim Yo Jong, quien tendría influencia en presentar al dictador como un líder que busca hacer de Corea del Norte un país más próspero, prestando más atención a las necesidades de los habitantes.

El principal riesgo es que el carácter impulsivo y orgulloso de Kim Jong Un podría llevarlo a cometer errores tácticos, ordenando acciones potencialmente suicidas. Así lo ha denunciado Donald Trump refiriéndose a “Little Rocket Man” aunque obviamente él mismo es también un caso de estudio – una y otra vez somos testigos del uso de un lenguaje extremadamente agresivo y belicoso, por ejemplo en la Asamblea General de Naciones Unidas, cuando el mandatario norteamericano habló de la hipótesis de una “destrucción total” de Corea del Norte en respuesta a un ataque, algo que los jefes del aparato militar de Estados Unidos habían negado. En una hipótesis de guerra, según estos últimos, el objetivo central sería desarmar al régimen, no destruir totalmente el país. Al respecto, cabe recordar que una de las fuentes de la posición radicalmente antinorteamericana de Pyongyang es el recuerdo, fomentado por la propaganda, de las tácticas de bombardeo aéreo masivo utilizadas por Estados Unidos en la guerra de Corea, que no reparaban en distinciones entre blancos militares y otros objetivos.

Algunos escenarios estratégicos

I “Más de lo mismo”
Bajo este escenario, Kim seguiría disparando más misiles, cada vez de mayor alcance, así como ensayando bombas nucleares (ahora de hidrógeno), pero sin atacar blancos específicos. Esta sería la táctica, ya conocida, de ir “corriendo el cerco.” Así se lograría eventualmente el reconocimiento internacional del Corea del Norte como potencia nuclear “de facto”.

Esta opción encierra muchos riesgos. Un misil podría caer en el territorio, por ejemplo, de Japón en vez de caer al mar; Estados Unidos podría reaccionar con mucha fuerza si el objetivo fuera Guam, o las proximidades de esa isla, que es una importante base militar y que Kim ha mencionado varias veces; un misil podría ser derribado; una prueba nuclear sobre el Pacífico (mencionada como una posibilidad por las autoridades norcoreanas) sería sin duda lo más peligroso dentro de este escenario..

II Guerra iniciada por Pyongyang
Un ataque convencional o nuclear de Corea del Norte a su vecino Corea del Sur, a Japón o a Estados unidos indicaría que habría fracaso la disuasión, y generaría necesariamente una respuesta en gran escala de Estados Unidos y sus aliados. El régimen de Corea del Norte no podría sobrevivir esta respuesta letal, aunque vendería cara su derrota, y queda la interrogante acerca de qué harían China y Rusia. China ha dicho que si Corea del Norte agrediera, no tendría su apoyo. La opción se ve irracional por su carácter suicida, pero lamentablemente no se puede descartar del todo, especialmente porque por lo general las agresiones se encubren bajo algún pretexto de acción militar defensiva.

III Guerra iniciada por Seúl
Un ataque de Corea del Sur sería incompatible con la política de pacificación que propicia el gobierno del Presidente Moon.

No obstante, en el contexto de algún incidente de carácter confuso Corea del Norte podría argumentar que sus vecinos habrían atacado. Ante acciones surcoreanas, que tendrían que ser apoyadas por Estados Unidos, sería muy difícil que China se abstuviera de intervenir.

Hay que subrayar una vez más que puede haber una variedad de situaciones poco claras, en que cada una de las partes coreanas diría que no ha agredido, sino que solamente se estaría defendiendo. Este tipo de divergencia es habitual en incidentes fronterizos en tierra, de incidentes navales en superficie o con acción de submarinos, de incidentes aéreos en que una parte atacada insiste que sus vuelos han sido solamente de reconocimiento, etc.

En cualquier caso, el gobierno de Seúl, consciente que la capital surcoreana es vulnerable a la artillería del Norte, ve en esta circunstancia un disuasivo de primer orden, por lo que cualquier aventura militar del Sur se ve altamente improbable.

IV Guerra iniciada por Estados Unidos
No es descartable alguna operación preventiva de Estados Unidos. Ya sabemos que hay una hipótesis de golpe de “decapitación”. Podría haber otras operaciones de fuerzas de Estados Unidos, por ejemplo de sabotaje, ofensiva contra los sistemas de información norcoreanos (o contraofensiva a los actos de ciber-guerra de Pyongyang), derribamiento de un misil norcoreano o destrucción de alguna base de lanzamiento – estos últimos tipos de incidente se considerarían actos de guerra por Corea del Norte, y probablemente desencadenarían hostilidades en gran escala. No es descartable el eventual uso de armas nucleares, aunque la hipótesis de “primer uso” no corresponde a las doctrinas del Pentágono. En determinados campos de batalla podría darse la utilización limitada de armas nucleares de tipo táctico.

V Guerra iniciada por China

Cuando el 15 de septiembre Corea del Norte lanzó un misil Hwasong 12, que voló 3.700 Km. antes de caer al Pacífico al Este de la isla Hokkaido (Japón), el Secretario de Estado Rex Tillerson pidió que China tomara “acciones directas”. Portavoces chinos contestaron que China no es responsable de contener a Corea del Norte, y que cualquier acción correspondería a Estados Unidos y Corea del Sur.

Una acción preventiva de China podría considerarse por Beijing como una manera de evitar escenarios críticos para la Beijing, como sería por ejemplo que Japón decidiera desarrollar sus propias armas nucleares. Una invasión china podría llegar a anular el poder ofensivo de Corea del Norte; con ello China pondría claramente en su esfera de influencia a ese país. Al mismo tiempo estaría impidiendo el avance hacia cualquier escenario de reunificación coreana, por lo que cabría esperar una decidida oposición de Corea del Sur.

Sin duda, tanto Estados Unidos como Corea del Sur considerarían que la hegemonía China sería un precio muy alto para alcanzar la estabilidad en la península. Por otra parte, Beijing muestra poca disposición a hacerse cargo de los elevados costos económicos, sociales y militares que tendría la imposición de su poder en todo el territorio de Corea del Norte. Por ello, la política de Beijing apunta principalmente a acotar los riesgos de la crisis actual, sin precipitarse a adoptar medidas preventivas en contra de su belicoso vecino.

Aparte de estos escenarios está el dilema de las armas vs. las negociaciones. Por supuesto, todos los políticos y observadores moderados favorecen las soluciones negociadas. El problema es que estas en el pasado no han producido resultados concretos, lo que el presidente Trump se ha encargado de enrostrar a sus adversarios una y otra vez. El mismo Trump ha criticado a su Secretario de Estado cuando éste ha dicho que existen vías de comunicación con las autoridades norcoreanas. Por otra parte, en circunstancias que Kim Jong Un está más cerca de lograr su objetivo de ser reconocido (aunque sea a regañadientes) como potencia nuclear de facto, es muy improbable que esté dispuesto a perder en la mesa de negociaciones lo que ha ganado en el plano militar, con grandes sacrificios de su país.

Esos sacrificios son cada vez mayores en la medida que las sanciones internacionales y bilaterales contra el régimen coreano se vuelven progresivamente más severas. Por supuesto que las sanciones se justifican, y por ello han sido adoptadas por unanimidad en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Pero no es muy probable que estas pongan de rodillas a Kim, primero, porque no hay sistema de sanciones que sea perfecto: para la gran mayoría de las sanciones es posible encontrar vías de elusión, aunque por supuesto a alto costo. Y segundo, las sanciones suelen afectar especialmente a la población civil ya severamente privada de todo tipo de bienes y servicios, mientras los jerarcas poderosos tienen mejores posibilidades de hacerles frente mediante procedimientos ilícitos.

En el plano de las sanciones comerciales, el país más expuesto es China. El comercio de Chile con Corea del Norte es mínimo (las exportaciones consisten en pequeñas partidas de vino). En la región, tienen cierta importancia ventas de petróleo mexicano y de cobre peruano. Estados Unidos sin duda presionará para que estas ventas cesen cuanto antes.

En este sentido, el precedente del acuerdo de las potencias con Irán, que ha sido esgrimido como un precedente por la Canciller federal alemana Angela Merkel para negociar un acuerdo con Pyongyang, no lo es realmente. En primer lugar, los iraníes no llegaron tan lejos en materia de armas nucleares como ya lo ha hecho Kim. Este, por su parte, no podría sino rechazar el acuerdo con Irán como un precedente válido, desde que Donald Trump lo ha denunciado como el resultado de una muy mala negociación, y se inclina a abandonarlo.

Manfred Wilhelmy v. W.
(Este trabajo fue presentado en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO- Chile, el 27 de septiembre 2017)

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